Mercedes homenajeó al Dr. Fortunato Benaim. Bajo el sol de una mañana primaveral, autoridades, familiares y vecinos se congregaron en la Avenida 30 para descubrir la escultura y placa en honor al pionero de la medicina en quemaduras. El acto precedió a la presentación de un libro biográfico

Tras una mañana impregnada de simbolismo e historia sobre la calle 30, la emoción no concluyó con la caída de la tela que dejó al descubierto la placa y la obra conmemorativa del doctor Fortunato Benaím (1919-2023).

En los minutos previos a que el recinto del Honorable Concejo Deliberante abriera sus puertas para la presentación formal de la obra biográfica escrita por la licenciada Susana Spano, este medio dialogó con Pablo y Alejandra Benaím. Los hijos de la eminencia médica internacional abrieron las puertas del recuerdo más íntimo para evocar al hombre detrás del científico, rescatando sus valores, sus nostalgias y un apego indestructible hacia su Mercedes natal.

Frente a una figura cuya escala académica, humana y ética trasciende la comprensión cotidiana de las jóvenes generaciones, sus descendientes remarcaron que el arraigo mercedino no fue una simple mención en un currículum vitae, sino una constante que vertebró toda su existencia. “Él era realmente un hijo que tenía su lugar de origen muy presente. Siempre se refería a Mercedes, siempre recordaba su infancia, siempre había alguna anécdota que compartir sobre el entorno de su familia cariñosa, y eso lo transmitía a lo largo de cualquier charla”, relató Alejandra, visiblemente conmovida por la calidez del homenaje comunitario. «Él se presentaba como médico con todos sus certificados y diplomas, pero siempre decía que era nacido en Mercedes y muy orgulloso de serlo”.

Ese sentido pertenecer adquirió un volumen sagrado al contemplar el emplazamiento de la obra en la Avenida 30, entre 17 y 19, a metros del histórico Colegio Nacional «Florentino Ameghino», aulas donde el joven Fortunato moldeó su intelecto en la década de 1930. “Escuchamos infinidad de veces sus anécdotas, sus andanzas, sus recuerdos, la referencia a sus compañeros y a sus profesores”, expresó Pablo al evaluar la mítica máxima de que nadie es profeta en su tierra. “Ver ahora ese monumento implantado al lado del colegio realmente nos generó una emoción tremenda. Es un reconocimiento de su ciudad que pocas veces se ve plasmado, así que tenemos un gran agradecimiento a toda la comunidad de Mercedes”, añadió.

En el ramillete de pasiones que guiaron los 103 años de Benaím, la música ocupó un espacio tan sublime como la medicina. Lejos de la rigurosidad científica, Fortunato era un enamorado del arte del sonido, un rasgo que sorprendía a propios y extraños. “Él era un apasionado de la música. De hecho, su carrera universitaria la hizo en paralelo tocando en orquestas típicas”, rememoraron sus hijos sobre aquellos años de juventud. «En cualquier oportunidad en donde había un piano, sea donde fuere, él se sentaba y tocaba, y la gente alrededor se quedaba encantada porque era una situación muy particular. La música lo acompañó siempre; había algún instrumento y él iba a hacer lo imposible para tratar de tocar algo”.

Esa calidez humana y festiva también revivió en el intercambio de los Benaím con los vecinos y descendientes de antiguos compañeros que se acercaron a saludarlos durante la jornada. Entre abrazos y memorias, resurgieron anécdotas de aquella casa mercedina de la juventud donde los hermanos Benaím eran vistos como «los eruditos», pero también como jóvenes que sabían cultivar la amistad sincera, el disfrute y el encuentro comunitario.

Su descendencia evocó la última caminata del maestro por las calles de su infancia, un itinerario lleno de luz que dejó una huella indeleble en sus hijos. “No hace mucho vinimos con papá y recorrimos toda la ciudad junto a él; nos venía marcando lugar por lugar”, compartieron. «Él se acordaba absolutamente de todos los espacios: pasamos por la esquina de su casa materna, recorrimos las veredas del colegio… Ya tenía como 97 años y nos bajamos del auto, caminó por la esquina y miraba con asombro esas cuadras. A Mercedes la tenemos presente a través de esa vivencia tan suya”.

Consultados finalmente por la publicación del volumen biográfico titulado “Fortunato Benaím. La ciencia, el arte y la vida”, escrito por Susana Spano, Pablo y Alejandra valoraron con admiración la labor de reconstrucción histórica llevada a cabo por la profesora, periodista y conductora de FM Fénix: “Nos pareció una tarea de investigación admirable. Si está lleno de anécdotas será sumamente entretenido, porque Benaím era una persona infinitamente interesante”.

Entre aplausos, recuerdos de violines, pianos, guardias médicas y pasillos de colegio, el tributo a Benaím cerró un círculo perfecto en la memoria colectiva: el regreso definitivo del maestro a la tierra que lo vio nacer.